Martes, 15 Junio 2010...1:07 pm
Adiós, Barcelona
OPINIÓN
La consulta de la Diagonal que nunca debió realizarse (por diferentes motivos, entre ellos su coste económico) ha tenido una sola virtud: ha puesto en evidencia la profunda desconfianza y el descontento de los barceloneses con su Ayuntamiento.
Menos de un tres por ciento del electorado apoyó alguno de los dos proyectos propuestos por el Alcalde. Cualquier político decente habría dimitido a la vista de los resultados. Pero aunque la esperada dimisión no se haya producido, la señal enviada por los ciudadanos que dieron masivamente la espalda al plebiscito ha sido tan evidente que no puede ser ignorada. Es evidente que el gobierno municipal se encuentra solo, aislado y alejado de las preocupaciones de la gente. Pocos pueden dudar de la necesidad de un cambio de rumbo. Esta consulta debería marcar el final de un ciclo, porque la ciudadanía no solo ha censurado al Alcalde; ha rechazado, por obsoleto y alejado de la realidad, un modelo de gestión basado en la propaganda, la estética y el turismo vacacional, que tuvo su apogeo a partir de las Olimpiadas del 92.
Las alarmas debieron haber sonado ya en 2004. En aquel momento Barcelona se dedicaba a gestionar el éxito de los Juegos, pero nada interesante había sucedido desde entonces. El Forum de las Culturas pretendía ser un evento que permitiera recuperar el impulso del 92. En lugar de eso resultó un fracaso, no sólo económico, sino también cultural: el Forum no proyectó ninguna imagen positiva de Barcelona. En lugar de eso, los visitantes pudieron comprobar que, desde los callejones hasta las azoteas, en Barcelona reinaba la suciedad, la inseguridad, el ruido y el desorden. La ciudad se había dedicado durante una década a embellecer el aspecto de sus fachadas, abrir hoteles de lujo e incentivar el ocio, pero había descuidado lo más importante: el bienestar de la gente.
Entonces hubiera sido el momento de rectificar. El problema es que Barcelona ha persistido en el error: Han continuado la política de escaparate dedicada a hacer de Barcelona “la millor botiga del món”, lema de una de las numerosas campañas de autoestima (así las llaman) promovidas por el Ayuntamiento. Se han dedicado cuantiosos recursos a esas campañas que trataban de maquillar la realidad. Se han tomado demasiadas decisiones a espaldas de la ciudadanía. Lógicamente, los problemas y el descontento de la gente, lejos de disminuir, han aumentado.
Los ciudadanos han enviado un mensaje muy claro: esas actuaciones políticas han de acabar. No son admisibles porque no son eficaces, no resuelven problemas y están costando demasiado dinero. Es imprescindible un cambio de rumbo. Aquí van algunas propuestas:
Austeridad. Muchos gastos inútiles deben eliminarse, entre ellos, las insultantes campañas de propaganda institucional. Estos recursos son necesarios para mejorar las infraestructuras y los servicios públicos.
Abandonar los experimentos. Las decisiones que afectan al funcionamiento de los servicios públicos son demasiado importantes. Deben tomarse con pragmatismo y con profesionalidad.
Invertir más en el mantenimiento de las zonas verdes, las plazas, el arbolado y el mobiliario urbano. De nada sirve diseñar nuevos espacios si no se cuidan los que ya tenemos.
Racionalizar y unificar la administración municipal de los diez distritos. La pretendida descentralización no ha servido para acercar el gobierno municipal a los ciudadanos, sino que han alejado a éstos del centro de poder.
Implicar a los ciudadanos en la gestión municipal, no mediante la creación de nuevas estructuras administrativas, sino garantizando la transparencia de las actuaciones públicas.
Simplificar los trámites municipales.
Simplificar y adaptar la normativa a las necesidades reales. El control municipal debe centrarse en aquellos aspectos que son necesarios para garantizar la seguridad y la convivencia, no en la estética.
Tomarse en serio la seguridad. Combatir los comportamientos incívicos y establecer alternativas a las situaciones de marginalidad.
Recuperar el espacio público, impidiendo su expropiación por parte de las actividades asociadas al ocio.
Gobernar para todos. Defensa activa del interés general por encima de los intereses económicos particulares.
Los ciudadanos han dicho adiós a la Barcelona de los prodigios (olímpicos). Abramos la puerta a la del sentido común.
Koldo Blanco


1 Comentario
15 Junio 2010 a las 8:06 pm
Por si fuese poco el despilfarro con las obras faraónicas, una ruina imposible de rentabilizar, pasados unos pocos años y visto el poco nivel de utilidad, se derrumban, como va a ocurrir con el scalextric de la Plaza de las Glorias terminado después de los Juegos Olímpicos.
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