Jueves, 21 Enero 2010...4:57 pm

Dos o tres cosas que yo sé de ellos

Saltar a Comentarios

p1000682.JPG

 

De la amenaza de tala que se cernía sobre los almeces de la Plaza Joaquim Folguera ya habíamos tratado en este blog (leer) y C’s ha hecho cuanto ha podido para amplificar la voz de los vecinos (leer). En la mañana del pasado martes 19 de enero, vecinos de la Plaza Joaquim Folguera me comunicaban que se estaban talando todos los almeces. Una vez más, políticos mentirosos -por cobardes- habían engañado a los ciudadanos. Pongamos que hablo de un tal Manuel Villalante i Llauradó, desde el 16 de enero de 2007 Director irector General del Transport Terrestre del Departament de Política Territorial i Obres Públiques de la Generalitat de Catalunya. Ignoro si es uno de esos mamporreros malcarados de los que, nos cuentan ciudadanos de toda Cataluña, se sirve el conseller Nadal para arrasar el territorio como Atila; ignoro si concurre en él el agravante de no mejorar el transporte terrestre. Lo que cuenta y sí sé es que prometió a los vecinos que les enseñarían el proyecto antes de tocar un solo árbol y que los ejemplares sanos serían transplantados (los expertos describen que los almeces solo sobreviven transplantados en condiciones muy especiales).

 

Forma parte del culto a la Edad Media del catalanismo y su clase política sustituir a los ciudadanos por súbditos.

 

La consumación de este nuevo engaño a los barceloneses (recuérdese que en la actualidad, entre otros frentes abiertos entre la administración y los ciudadanos, tenemos el del cuartel de bomberos “provisional” del Parque Joan Miró y el de la recalificación de Miniestadi) puede verse aquí, con las fotografías y en las palabras de la escritora Isabel Nuñez.

 

No creo que Lincoln pecase de ingenuo cuando construyó su famosa frase, sino que no podía conocer los mecanismos que el marketing y la comunicación políticas iban a desarrollar a partir de los años 20 del siglo XX. Estoy convencido de que hoy puede engañarse a todos en todo durante todo el tiempo.

 

Existe, por ejemplo, una estructura electoral, nacida de los restos de un partido político, llamada IC-V que está en el gobierno del Ayuntamiento de Barcelona y en el de la Generalitat de Cataluña. Su estrategia electoral es un discurso asentado en tres pilares: ecologismo (“verdes” forma parte de su nombre) y nacionalismo (esa ideología de origen germánico que Prat de la Riba sembró por estos lares tras leer a Fichte de tercera mano y empacharse de novelas de Walter Scott, que leía con deleite); el tercer pilar, el del izquierdismo-progresismo, se levanta torcido por obvia incompatibilidad con el segundo, pero gracias al intento de venderlo podemos leer en su pueril propaganda electoral que están a favor de la paz en el mundo (¿hay alguien que no lo esté?). Uno de los más característicos rasgos de los cargos electos de IC-V[erds] (ignoro si en su estructura existen simples militantes)  es que cuando en Barcelona hay un conflicto entre el verde y todas las gamas de gris del cemento , ni están ni se les espera (por el contrario, es conocida su asidua presencia en las tiendas de lujo de Barcelona donde hasta les hacen la ola). Lo que me lleva a la conclusión de que IC-V tiene la más alta ratio de votantes que no saben lo que votan del singular espectro político catalán.

 

 

Antonio López

Fotografía cedida por I. N.

 

1 Comentario

  • Eres perverso, Antonio, y eso me gusta. Además de estar cargado de razón, bien sûr. Sin duda, en la definición de pijo-progre de la Wikipedia tendría que estar la plana mayor de IC-V y toda su colección de gafapastas. Lo desolador es el considerable espacio electoral de pijo-progresismo, que como un polo de Lacoste, sólo se valora la etiqueta. D’esquerres i ecologistes de debó, promunciado, sin duda, con el “de verdá” característico de todo buen pijo.

Dejar una respuesta